martes, 23 de noviembre de 2010

MARÍA Jorge Isaacs

Por: Karem Annelise Rodriguez Ibazetta

Esta novela es la mejor escrita en Hispanoamérica en el siglo XIX, aparte de ser la obra cumbre de la prosa romántica y quizá la más leída del continente.
La historia se desarrolla en una hacienda del Valle de Cauca, donde un niño llamado Efraín, quien se enamora de su hermana adoptiva María. Efraín es separado de su familia para concluir sus estudios en un prestigioso colegio en Bogotá. Seis años después regresa por tres meses ya todo un hombre a reencontrarse con su padre, su madre, su hermana Emma y María.
María queda huérfana de madre desde pequeña y su padre al no poder cuidarla prefirió darla en adopción ante la propuesta de su mejor amigo, el padre de Efraín. Poco tiempo después su padre también fallece y María es criada por la familia de Efraín, quienes la quieren y la tratan como una verdadera hija.

Durante el tiempo que Efraín se encuentra en su casa, reconoce el amor que sentía hacia María y que tal amor era correspondido. Al principio, su padre tenía reservas ante este amor porque pensaba que María moriría pronto al heredar la enfermedad de su madre, epilepsia y también sería un obstáculo para continuar sus estudios en Londres. Ellos solamente tuvieron opción a vivir su amorío en secreto en complicidad con su hermana Emma.

Tras unas malas negociaciones que conllevaron a problemas económicos, el padre de Efraín cae enfermo. Al pasar el tiempo los padres aceptaron el amor entre ambos, pero el padre de Efraín puso como condición que Efraín culminara sus estudios universitarios en Londres.

Llego finalmente el día en el que Efraín debía partir por cuatro años. Efraín se va con la angustia de la situación económica de su familia, la salud de su y al dejar a su amada María. Solo con cartas Efraín y María mantuvieron encendida la llama del amor. María consolaba su soledad sembrando rosales y matas de azucena.

Llega el día en que Efraín recibe una llamada en el que le avisan que María se encontraba grave, por lo cual decide regresar inmediatamente al Valle de Cauca. Era el anuncio de un fatídico día. Efraín llega a su casa con el corazón acelerado y con un mal presentimiento, pero lamentablemente llego tarde. María había partido a un viaje sin retorno, un viaje al cielo.

Efraín quedo hundido en las más profunda tristeza por la pérdida de su más grande amor. El solo pudo consolarse rodeándose de las pertenencias de María y especialmente con el rosal y las matas de azucena que María sembró presintiendo su muerte y dejando como constancia de su pasión y símbolo para soportar la soledad que la invadía al encontrarse lejos de su amado.

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